Alepo, 1997. Autor: Teresa Hernández


No podía sentirme peor. El calor había hecho estragos en mi cuerpo y llevaba dos días vomitando hasta el alma, las náuseas me impedían admirar las joyas custodiadas en las vitrinas de los museos y la angustia en el vientre no me permitía apreciar la ornamentación de las mezquitas; simplemente no podía continuar. Me disculpé con el grupo y hecha un ovillo esperé a que remitiera la punzada del estómago; cuando pasó, apoyé la cabeza en la fachada del edificio y cerré los ojos pidiendo una tregua a mi malestar.

Supe que alguien me observaba porque una tenue brisa me cruzó la cara. Tres mujeres envueltas en sus oscuras túnicas me rodeaban y sacudían la calima que flotaba en el ambiente con trozos de cartón, me estaban abanicando. Una fina ranura en sus tupidos velos me permitía acceder a sus ojos negros. Eran miradas francas y recogí la mano que me tendió una de ellas aceptando su apoyo para incorporarme; entendí que pretendían ayudarme.

Las limpiadoras del recinto me transportaron en volandas a su cubículo. Apenas entramos en la diminuta habitación se despojaron de sus litams y dejaron al descubierto sus espléndidas facciones, sus hermosos gestos.  Miles de arrugas finas cuarteaban sus caras del mismo modo que la falta de agua lo hacía con el suelo en el que vivían, eran más jóvenes de lo que parecían. Me ardía la frente y me aconsejaron tumbarme en una rudimentaria camilla mientras ellas se recogían las mangas de sus chilabas para faenar mejor; con señas me indicaron que descansara tumbada, así estaría más cómoda. Y era cierto, especialmente cuando me aplicaron paños frescos sobre el cuello. Me ofrecieron pastillas que no acepté y agua que no bebí, la desconfianza a lo desconocido me impedía tomar sus productos, pero saboreé un caramelo de fresa como si de néctar divino se tratara.

Aquella habitación era mágica y permitía la comunicación sin necesidad de recurrir a nuestras respectivas lenguas. Señalando las alianzas de sus dedos, me hicieron saber que eran mujeres modernas con esposos razonables que les permitían trabajar fuera de casa, me mostraron los rostros de sus hijos impresos en fotografías dobladas, incluso me chismorrearon algo sobre su ambiente laboral y lo problemática que resultaba cierta compañera que eludía sus tareas. Estaba fascinada, no podía creer mi suerte y que el destino me regalara la oportunidad de introducirme en el vivir cotidiano de un grupo de auténticas mujeres islámicas, de meterme bajo su túnica y casi bajo su piel. Y resultó que la curiosidad era recíproca. Ellas también querían saber de mí y mi mundo. Se interesaron por si mi malestar se debía a un embarazo, les preocupaba que yo poseyera, como ellas, un buen marido y si era una mujer liberada que ganaba un jornal al margen de las labores domésticas. Tan animada era nuestra cháchara que casi olvidé mis males. Me cuidaban como si fuera un bebé y yo me dejaba; formamos un grupo de amigas accidentales que reíamos juntas.

Una llamada a la puerta rompió el hechizo. Era el guía interesándose por mi estado. Ellas callaron repentinamente, tomaron sus velos y se ocultaron tras ellos antes de abrir.

―¿Se encuentra mejor?

―Infinitamente mejor.

―¿La están molestando las mujeres? ¿Algún Problema?

―En absoluto.

Me levanté más recuperada sintiendo lástima porque aquel tiempo hubiera pasado tan rápido. Nos apretamos las manos a modo de despedida sonriendo, yo con mis labios, ellas con sus ojos asomando por las estría del tejido que les cubría el semblante.

Fue un viaje maravilloso. Más que las magníficas reliquias del pasado o los bulliciosos bazares, guardo el recuerdo de la compañía que me ofrecieron unas mujeres anónimas a las que me sentí cercana por un rato.

Han pasado casi diez años y a menudo me pregunto por ellas. No he olvidado a mis amigas, el tacto de sus manos ásperas, los finos surcos de sus párpados.

Y estoy segura que ellas también me recuerdan.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s