Viajar perjudica seriamente la salud. Autor: David González Caballero
enero 1st, 2010 § 4 comentarios
CAPÍTULO I
DIA 2 DE JULIO, BARCELONA
9:00- Me levanto de la cama refunfuñando. No ha sonado el despertador. Es tarde.
9:15- Desayuno lo más rápido posible.
9:16- Me atraganto por culpa de un trozo de cruasán demasiado grande.
9:17- Salgo de casa en busca de ayuda. Toco el timbre de mi vecina que es médico y me hace la maniobra de Heimlich in extremis.
9:18- Le doy las gracias, pero me contesta que de eso ni hablar, que ella no hace horas extras gratis y que son cincuenta euros.
9:20- Tras una breve discusión, no tengo más remedio que abonarle la visita.
9:22- Me visto, me lavo los dientes y me peino con esmero. Miro el reloj. Hago tarde. Suerte que tengo las maletas preparadas.
9:25- Espero un taxi. Empieza a llover. Estoy empapado por culpa de los coches y de haberme olvidado el paraguas.
9:30- Llueve a cántaros. El diluvio universal.
9:35- Por fin para un taxi. Vamos de camino al aeropuerto en medio de un tráfico denso. Misteriosamente deja de llover. Yo empapado hasta la médula.
9:45- Da la sensación que el taxista, ya entrado en años, va lento para poder cobrar más por la carrera.
9:46- Nos pitan. El taxi a diez por hora. Los otros conductores, muy agresivos ellos, nos envían a tomar por saco y mencionan a la madre del taxista.
9:47- Descubro con estupor que el taxi no es que vaya lento, sino que se ha parado. Le pregunto al taxista el motivo.
9:48- Sigo esperando la respuesta.
9:49- Decido darle una colleja a ver si espabila. Se la pego. La cabeza le cae sobre el volante bruscamente. Salta el airbag. ¡Dios mío! Le tomo el pulso.
9:50- No lo noto. Deduzco que el pobre hombre no es que fuese lento adrede, sino que ha sufrido un infarto conduciendo por la autovía.
9.55- Lo aparto y cojo el volante. No hay tiempo para llamar a una ambulancia, primero son mis ansiadas vacaciones. La gente me aplaude. Por suerte ignoran que llevo a un fiambre de copiloto.
10:15- Llego al aeropuerto a duras penas, con el airbag desinflado y el copiloto cada vez más rígido y demacrado.
10:17- Cuando bajo del coche hay unos guiris que me dicen que los lleve de paseo a la “Sagrada Familia”. Mientras recojo las maletas, señalando al difunto, les explico que yo no soy el taxista.
10:18- De camino a facturación oigo un grito autoritario. Acelero el paso.
10:22- Falta un cuarto para coger el vuelo. Hago cola.
10:30- Sigo haciendo cola con resignación.
10:34- Llega mi turno cuando de pronto una señora mayor me ruega que la deje pasar porque le duele la prótesis de cadera de tanto esperar. Le digo que sí, pobre mujer.
10:35- Pasan la señora y siete ancianos más. El INSERSO al completo.
10:50- Facturo las maletas y voy corriendo hacia el control. No hay nadie ¡Que suerte! Pita el detector. El guardia me observa con ironía. Me quito el reloj.
10:51- Pita el detector, me quito el cinturón.
10:52- Pita el detector. ¡Maldita sea! Como un rayo me quito pantalones, los zapatos y la camisa.
10:53- Pita el detector otra vez. Unos japoneses que hay en la cola parece que me estén haciendo un reportaje fotográfico.
10:55- El agente me indica que pase a una salita y una vez allí me quite los calzoncillos. Respondo que me da vergüenza y que de ningún modo voy a desnudarme. Me confiesa que es Mosso d’Esquadra. ¡Qué miedo! Añado que si quiere también puedo bajármelos bailando al compás de “La Macarena”. Me contesta que me los saque “normal”. Lo hago y punto. Sonríe.
10:56- Descubre que tenía una chincheta clavada en la nalga derecha. Le digo que es un recuerdo de mis queridos alumnos. ¡Siempre tan simpáticos!
10:05- Entro en un avión un poco cutre. De una compañía de bajo coste. Con el sueldo que nos pagan a los maestros no nos llega para nada mejor. Los pasajeros me miran con un mohín de crispación. Soy el último.
10:10- Por megafonía dicen que la policía anda buscando al asesino de un taxista y que por eso el avión tardará en despegar. Cojo el periódico y leo disimuladamente. Me suda el sobaco. Parezco Camacho, ya saben, el que fue seleccionador nacional.
13:15- Por fin despegamos. Tres horas sin hacer nada sentado en una butaca que parece una piscina olímpica debido a la cantidad de sudor acumulado. Es un poco incómodo, pero ya ha pasado todo. Comienzan las mejores vacaciones de mi vida.
CAPÍTULO II
DIA 3 DE JULIO, VOLANDO HACIA MÉXICO
00:05- El avión parece un mercadillo. Las azafatas nos ofrecen de todo. Que si cremas, licores, relojes… Sólo faltaría que pudiésemos comprar aceitunas y churros.
00:08- Venden bacalao y aceitunas “La Española”, es un mercadillo efectivamente.
00:10- Intento dormir. Justamente me he sentado junto al único pasajero que ronca y al que le huelen los pies.
00:25- Me he puesto tapones en las orejas y, sin que se diese cuenta, le echo un poco de “Brummel” en los pinreles. Ahora sí que puedo dormir tranquilo.
00:40- Me despierta una gallina. ¿Una gallina? Miro a mi izquierda y veo a una señora que lleva como mascota una gallina. Le comento que si quería una mascota para hacerle compañía también podría haberse comprado un hámster que es menos ruidoso. Contesta que se está rifando una hostia y que tengo todas las papeletas. Me callo al instante.
00:50- Justamente cuando logro dormirme, suena la megafonía de a bordo para anunciar que estamos a punto de tomar tierra en el aeropuerto de México DF.
CAPÍTULO III
DIA 3 DE JULIO, MÉXICO DF
1:10- Espero las maletas.
1:30- Sigo esperando las maletas. Todo el mundo se ha marchado excepto la señora de la gallina, el tipo que roncaba a quien ahora le huelen los pies a “Brummel” y yo.
1:40- ¿Cómo es posible que tarden tanto esas dichosas maletas? El hombre que roncaba al menos ha recuperado una. Las demás se han perdido.
1:45- Vamos a reclamar al representante de la compañía. Pese a estar en México, la persona que nos atiende no entiende ni “papa” de castellano. Contemplo la etiqueta de la chica: “Wei Wang”. Ahora lo entiendo. Buena idea eso de poner en la oficina de reclamaciones gente extranjera que no habla tu idioma. Muy agudo.
1:49- Después de haberlo intentado una docena de veces, el señor que roncaba me dice que tranquilo, que él era empresario y como solía viajar a China por negocios, dominaba el mandarín. Le dice cuatro cosas incomprensibles a Wei Wang.
1:50- La chica le arrea un golpe de Kung Fu y lo deja sin sentido en el suelo. ¡A saber qué le habría dicho!
1:53- La encargada llama a la compañía.
1:56- Nos indica que si queremos las maleta se las tendremos que pedir a Castro. Le pregunto quien es Castro y me responde que están en Cuba y ya se sabe como son allá. Total, que vayamos olvidándonos de ellas.
1:57- Espero un taxi. Empieza a llover.
2:10- Parece Barcelona, pienso. Es una especie de dejà vu.
2:15- Pasa un Jeep a toda pastilla que me deja empapado. Menciono en perfecto catalán a su madre.
2:16- El coche frena y baja el conductor.
2:17- Me meto en el primer coche que parece un taxi y le digo, balbuceando, que me lleve a un hotel pero que se dé prisa. Por la ventana veo al conductor del Jeep, con una camisa del burro catalán y el eslogan debajo: “Festes Cerdanyola 2007”, golpeando el techo de su coche. ¿Uf, será porque no me ha podido sacudir? También es mala suerte insultar a un catalán en catalán en pleno México.
2:30- Poco después, el taxista se gira y me hace un gesto para que baje. Le contesto que no veo ningún hotel. Me enseña una pistola y respondo que si lo desea bajo del coche haciendo un triple mortal.
2:31- Me pide que le dé el reloj, la cadena de oro, el cinturón y la cartera.
2:32- Le pregunto si me lo devolverá luego o será como en las líneas aéreas, a las que les entregas tus maletas para no verlas nunca más. Me golpea con la culata del arma. Pierdo la conciencia.
7:00- Abro los ojos. Un grupo de curiosos me está mirando. Amablemente me llevan al hospital.
8:15- Finalizada la visita, el doctor que me ha atendido me dice que le he de abonar sus honorarios porque en México no hay Seguridad Social. Le digo que me han robado y que no llevo nada encima.
8:16- Se da cuenta de que llevo unos Levi’s y me responde que si se los doy estaremos en paz. Me niego. Le arreo un puñetazo y salgo del hospital cagando leches.
8:17- Oigo las sirenas. ¡La poli! Corro aún más rápido.
9:35- Ya ha pasado el peligro. Estoy en una plaza muy grande. Me siento en el suelo y no puedo evitar el gimoteo. ¡Qué desgraciado que soy!
9:36- Un turista yankee me da 10 dólares. Le digo que no soy ningún indigente.
9:37- Otro americano me entrega 10 dólares más. Le repito lo mismo que a su colega.
9:55- Llevo ya más de 60 dólares conseguidos. Me rasgo la camiseta para dar más pena.
11:05- Es un chollo esto de pedir limosna. Estos americanos serán unos prepotentes, sí, pero mira que son generosos.
11:10- Llega un policía. Le digo que mis hijos no tienen nada para comer, que estoy en el paro y que mi mujer está muy enfermita, todo con acento mexicano. Me responde que en aquella plaza está prohibida la mendicidad. Me acuerdo de los sobornos y le ofrezco una parte de mis ganancias a cambio de hacer la vista gorda. Me detiene. ¡Mira que es casualidad toparme con el único agente mexicano que no es corrupto!
12:00- Estoy en una celda con cuatro pandilleros y un hombre bien vestido.
12:05- Me pregunta qué he hecho para estar en un lugar como ése y le respondo que me he equivocado de viaje y que debería haber ido con mi iaia a Benidorm con los del INSERSO y no pisar aquel maldito país tropical. Los pandilleros se han ofendido y me observan con una mirada que mata.
12:06- Pido a Dios, a Alá y a Buda que me saquen de allí pronto.
13:00- Un policía me dice que han encontrado mi cartera y que alguien ha pagado la fianza. ¡Dios existe!
13:01- Les hago un corte de mangas a los pandilleros.
13:06- Firmo unos papeles y me devuelven la cartera. ¡Vacía, claro!
13:07- Un hombre que no conozco de nada me está esperando. ¿Por qué lo hará?
13:09- Al cabo de un rato charlando, me dice que es de la Secreta Española y que estoy acusado de homicidio a un taxista.
13:11- Le cuento la verdad de lo que me ha sucedido. Ni caso. Los pandilleros se mofan de mi desgracia.
13:12- A continuación, el agente me pone las esposas y me lleva hasta un avión que se dirige a España.
REFLEXIÓN FINAL: ¡Nunca más volveré a viajar! ¡Viajar perjudica seriamente la salud! De hecho, no hay nada como quedarse en casa disfrutando de la paz hogareña. Cuanta razón tiene el lema: “Hogar, dulce hogar”.
Muy entretenido!
No solamente original sino además divertido y bien escrito.
Valió la pena que madrugaras.
Saludos
Vaya, ¡gracias!
Lo escribí cabreado en un bungalow de Mallorca y me inspiré en lo que le pasó a un familiar en su viaje a Italia.
Además está en formato “horario” a semejanza del libro Sin noticias de Gurb de Mendoza, libro que leí hace dos años, mientras estaba en 3o de la ESO