Sensibilidad Cultural. Autor: Daniel Martín

By vagamundosmoleskin

Esto sucedió en Perugia. Estaba con una beca en la Escuela Estiva de Matemáticas. Había estudiantes de matemáticas de toda Italia en un programa intensivo durante el verano europeo. Traían profesores de toda Italia y también de Estados Unidos y Canadá. Algunos de los cursos eran en italiano y otros en inglés. El propósito era que los estudiantes pudieran explorar áreas de las matemáticas que no se cubrían generalmente en los cursos regulares, para expandir el panorama de las posibles áreas de investigación de punta. Excelente concepto y muy bien organizado. Nos alojábamos en los dormitorios estudiantiles de la Universidad de Perugia, y teníamos desayuno y almuerzo pagos. Yo pedí la beca más que nada porque estaba esperando a ver si pintaban unas becas de doctorado en Europa, y no quería pasarme otro verano enseñando matemáticas en forma clandestina en Madrid para sobrevivir entre becas. Elegí solamente cursos en inglés, porque quería mejorar la lengua, y también porque uno de los cursos que se ofrecían, el de topología algebraica, cubría contenidos que yo ya había estudiado en Córdoba, entonces iba a ser más fácil, o me parecía eso, por lo menos.

El profesor del curso de topología algebraica era un famoso matemático norteamericano, de una famosa universidad norteamericana, uno de los dioses de la topología. Un tipo difícil, de esos que decían que solamente dejaban de trabajar en su investigación el día de navidad y el día de acción de gracias. Tenía unos tics, y cuando salíamos a cenar en grupo y él estaba teníamos que ir al restaurante demasiado temprano porque su señoría tenía que comer a su hora regular de Norteamérica (las 6 o 7 de la tarde). No podía esperar por su diabetes tipo 2, y un montón de otros problemas de salud a consecuencia de su obesidad.

El curso era muy difícil para los estudiantes italianos, especialmente los que no sabían mucha álgebra avanzada. El tipo se propuso cubrir toda la topología algebraica básica en un curso comprimido de un mes y medio, en inglés, y los estudiantes estaban a los pedos, dejando de participar en actividades recreativas o reduciendo las sociales para estudiar hasta altas horas de la noche, tratando de entender conceptos bastante ambiciosos en forma acelerada. El curso me permitió hacer muchos amigos rápidamente, porque los podía ayudar después de las clases a entender lo que el tipo pretendía enseñar, porque tampoco era muy didáctico que digamos.

Cuando llegó el día del examen final, algunos ni se presentaron. Y puso un examen difícil, se podía sentir la tensión en el aire. La cosa es que, en medio del examen, el tipo se va al baño y nos deja solos. ¡Nos deja solos por alrededor de diez minutos! Eso se puede hacer en Estados Unidos, yo lo he visto hacer, simplemente porque todos están compitiendo frenéticamente unos contra otros y ni se les ocurriría copiar. Pero no se puede hacer en Italia. Cuando el tipo salió, uno de los que estaba en los primeros bancos salió a mirar, y nos dijo que se había ido al baño, y todos empezaron a hablar y pasarse respuestas. Yo le pasé la primera pregunta de mi examen a Mauro, un piamontés que estaba súper estresado porque necesitaba aprobar esa materia, y estaba explicándole a Maurizio, un napolitano, como encarar el segundo problema cuando el tipo entró de nuevo en el aula. Y al ver que todos estaban copiándose le agarró un ataque de nervios. Mauro me devolvió la primera hoja de mi examen y el tipo lo vio. Y también agarró in fraganti a dos estudiantes más, Piero, un milanés muy serio que le había puesto horas y horas a esta materia, y Loretta, una hermosa y brillante romana.

En medio de los nervios y los gritos, llegó al coordinador de la escuela estiva. El tipo quería suspender el examen, escribir otro, y volver a tomarlo. Mientras esperábamos que ellos se pusieran de acuerdo, sin escribir, algunos intentaron hacerlos razonar, pero la cosa se puso peor. El tipo no iba a tolerar ese comportamiento. Y nos hizo salir de la clase a los tres que había pescado con las manos en la masa. El tipo no sabía italiano, así que cuando vino el coordinador afuera a hablar con nosotros, ahí salió todo. Los otros dos argumentaron en italiano. Yo no tenía nada que perder, así que en una mezcla de inglés e italiano, yo defendí a la clase. Y mi argumento fue que la culpa era de él, que el había sido lo suficientemente stronzo (boludo) como para darnos un examen imposible y dejarnos solos. Muchos, dentro de la clase, me escucharon, y no pudieron contener la risa. Y yo seguí dándole. Que no tenía ni noción de lo que esos estudiantes podían hacer en términos de asimilar contenidos, y que, sobre todo, le faltaba sensibilidad cultural. Le expliqué al coordinador que yo había pasado un qualifying examination en topología algebraica, que conocía bien la materia y el libro que nos había asignado, y que me había anotado solamente para mejorar mi inglés. Fundamentalmente, el problema era que el programa era demasiado ambicioso para los objetivos de la escuela, y en vez de interesar a los buenos estudiantes en una de las áreas más fascinantes de la matemática, los estaba acobardando.

El coordinador decidió dejarnos terminar el examen y el tipo se fue enojado, dejándolo a cargo. No volvió a saludarme. Luego, me llamaron a hablar con otro de los profesores, un canadiense de origen italiano, para que repitiera mi historia. Y se ve que hablaron con el jefe del departamento de Matemáticas en Córdoba también para comprobar que era verdad lo del qualifying. Mientras, tanto, los italianos habían mandado muchas cartas quejándose. Cuando se entregaron los resultados, esa fue la única materia donde nadie reprobó. Yo no me saqué sobresaliente, como merecía, por razones obvias. Los únicos que tenían que lamentarse eran los que no se habían presentado al examen más discutido en las cenas de despedida.

Al tipo me lo crucé de nuevo en una conferencia en Washington. Nos tocó hablar en el mismo panel. El finlandés que iba a coordinar el panel nos presentó, mientras esperábamos que llegara la audiencia a la sala. Tanto él como yo pretendimos que no nos habíamos conocido anteriormente, y hablamos respetuosamente de trivialidades.

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2 comentarios para “Sensibilidad Cultural. Autor: Daniel Martín”

  1. deep Dice:

    porque no ponen la definicion de que es la sensibilidad cultural para entender mejor

  2. juvenal ramos Dice:

    Está muy agradable la historia, pero yo soy muy bruto, y necesito la rspuesta completa cojonudos.

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